Grasas, aceites e inflamación
¿Pero qué son las grasas? Las grasas están presentes en todas las células (animales y vegetales) y desempeñan funciones estructurales y metabólicas.
Hay dos fuentes:
-De origen animal: en la carne y los productos cárnicos, los huevos y los lácteos.
-De origen vegetal: en ciertas semillas de plantas (girasol, maíz…), frutas (aceituna, aguacate, coco, palma) y frutos secos (nueces, almendras…).
Las grasas aportan al organismo energía y ácidos grasos esenciales, además de desempeñar funciones estructurales y reguladoras. Hoy analizaremos su relación con la inflamación, ya que los aceites y las grasas son precursores de unos compuestos llamados “prostaglandinas”, responsables de estimular o regular reacciones relacionadas con ciertos procesos (por ejemplo, en la inmunidad, la inflamación, la coagulación, etc.). Muchas de las enfermedades incapacitantes propias de la edad se acompañan de procesos inflamatorios. Por ejemplo, la artritis, el reumatismo, pero también problemas intestinales, respiratorios, alergias…en estos casos, la inflamación también aparece en mayor o menor medida en ciertos tejidos o mucosas. Existen muchos factores que pueden causar esta inflamación, pero aquí analizaremos la capacidad del sistema inmunitario para controlar y regular la intensidad de sus reacciones.
En los últimos años se han realizado muchas investigaciones sobre este tema, para estudiar el efecto antiinflamatorio que tienen los ácidos grasos omega 3 en los procesos artríticos.
Nuestro organismo tiene cierta capacidad para regular la intensidad de la inflamación. En este mecanismo regulador participan unas sustancias llamadas prostaglandinas. Mientras que algunas tienen un efecto estimulante, otras tienen el efecto contrario, y de esta manera, controlan y modulan ciertas reacciones, por ejemplo las que producen calor, dolor, enrojecimiento, etc.
Estas reacciones no son dañinas en sí mismas. De hecho, la función de todas ellas es reparar un dolor o daño. El problema surge cuando, con el tiempo, esta inflamación se vuelve crónica por diferentes causas.
La buena noticia que aportan todos estos estudios es que el nivel o la cantidad de estas prostaglandinas en nuestro cuerpo depende principalmente de lo comemos. Las células sintetizan estas prostaglandinas a partir de una materia prima procedente de la dieta, que son los ácidos grasos esenciales. Se clasifican en diferentes grupos:
-Estimulantes de la inflamación: algunas prostaglandinas ayudan en el proceso inflamatorio y en la agregación plaquetaria (por ejemplo, el ácido araquidónico); son de origen animal, como la carne, los lácteos y los huevos.
-Reguladoras de la inflamación: las que reducen, participan en la proliferación celular y la coagulación sanguínea; las conocidas como omega 3. Se encuentran tanto en pescados azules como en ciertas semillas (lino, calabaza…) y nueces.
Las que se conocen como omega 6, se encuentran en algunas semillas (girasol, sésamo, etc). Lo que todos los estudios demuestran es que lo más importante es el equilibrio entre ellos. Cada uno tiene una función complementaria (por supuesto, dependiendo de nuestra salud, necesitaremos más de uno u otro). Por tanto, como siempre, la clave está en el equilibrio de las proporciones entre un tipo de alimento y otro, es decir, tanto en la calidad como en la cantidad de los distintos tipos de grasas.