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Las ganas de comer

 

Se acerca el final del verano y con él, las vacaciones de muchos.

Lo que habitualmente buscamos en nuestras vacaciones es hacer cualquier cosa que nos gusta y apetece y entre los placeres que tenemos en la vida, se encuentra la comida; es decir, comer es, para muchos,  un placer; por eso, cuando tenemos la oportunidad, disfrutamos de los alimentos que nos gustan y evitamos, claro, los que no. Comer los alimentos que nos gustan nos hace sentir de mejor humor, incluso nos llega a relajar.

Y así lo explican algunos estudios: cuando comemos aquellos alimentos que más nos gustan, se liberan en el cuerpo ciertas sustancias llamadas 𝛽-endorfinas que mejoran nuestro estado de ánimo.

Sin embargo, además de las propiedades organolépticas, hay otros factores que también influyen directamente en el hecho de que un alimento nos resulte más o menos apetecible; por ejemplo, el hambre, las experiencias que se hayan vivido anteriormente relacionadas con ese alimento y las situaciones sociales que nos rodean a la hora de comer.

En otras palabras, esto puede ser lo que nos hace sentir bien: comer el alimento adecuado, en el momento adecuado y en buena compañía ¿verdad?

La elección de alimentos es un comportamiento humano complejo que está bajo la influencia de muchos factores externos. A la hora de comer, las sensaciones de hambre y saciedad influyen, por supuesto, directamente. Pero a la hora de elegir los alimentos, además de las necesidades nutricionales y fisiológicas, existen otros factores que influyen en esta situación, como por ejemplo:

-el sabor, olor o aspecto de los alimentos.

-factores cognitivos, emocionales y sociales (lo que nos gusta o no nos gusta, nuestra actitud hacia la dieta y la salud y la información que tenemos sobre estos temas, o el entorno social y los hábitos).

Todos estos factores determinan la elección de los alimentos que haremos al comer. También los valores personales, situaciones básicas o inevitables (por ejemplo, el hecho de vivir solo o en compañía), las habilidades a la hora de cocinar y la forma de entender nuestra vida o nuestro cuerpo.

-factores económicos, culturales y religiosos también condicionan nuestra elección. Nuestra educación o el precio de los productos también pueden ser decisivos a la hora de hacer una elección.

Otro asunto son los antojos o apetencias. ¿Quién no ha tenido alguna vez esos antojos tan especiales y específicos que no podemos controlar?

Son muy habituales y no solo entre las mujeres embarazadas. Diversos estudios han dado como resultado el hecho de que hombres y mujeres relacionan estos antojos con diferentes actitudes y emociones. En general, parece ser que los hombres relacionan más esos antojos con el hambre, mientras que las mujeres lo relacionan más con un estado de ánimo negativo (por ejemplo, cuando estamos estresadas o aburridas). No solo eso, parece ser que las mujeres somos más propensas a experimentar sentimientos negativos (por ejemplo, culpa o remordimiento después de comer aquello que tanto nos apetecía). Según la opinión de algunos psicólogos, entre otras razones se encontraría el hecho de considerar ese alimento que tanto nos apetece, como”un alimento que tenemos prohibido”. Ante esta situación, nos dan la siguiente recomendación:

lo más importante es olvidarnos de esos sentimientos de culpa relacionados con la comida. Para ello, parece ser esencial mantener una relación saludable con la comida y tener hábitos alimentarios realistas. Lo que quieren decir con esto es:

Conseguir y aprender formas de disfrutar de esos alimentos con moderación, aumentando así nuestro disfrute y placer, sin caer en excesos.