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¿Prebiótico o Probiótico?

Últimamente se habla mucho sobre alimentos prebióticos y probióticos. ¿Pero sabemos lo que son? ¿Tienen el mismo significado? Seguramente más de uno tiene este tipo de dudas, así que hoy trataremos explicar qué son y para qué sirven.
Algunos alimentos, no solo tienen propiedades nutricionales beneficiosas, sino que también son beneficiosos para la salud y se conocen como alimentos funcionales.

Estos alimentos funcionales incluyen los prebióticos y probióticos.
Los alimentos prebióticos contienen sustancias no digeribles; éstos, estimulan las bacterias de nuestra flora intestinal y favorecen el crecimiento selectivo de bacterias intestinales beneficiosas.

Los más conocidos son los fructooligosacáridos oligofructosa e inulina (FOS).
¿Y dónde se pueden encontrar? En ajos, cebollas, puerros, espárragos, alcachofas, tomates, piñones y otros alimentos.
¿Y por qué se habla tanto de este tipo de alimentos últimamente? Los alimentos funcionales se comercializan en una variedad de productos, incluidos productos lácteos, bebidas, alimentos para niños y galletas.
De hecho, los expertos recomiendan tomar 2-6 gramos por día, pero los estudios dicen que solo se consumen 800 miligramos de FOS al día. Cada vez se insiste más en lo importante que es llevar una dieta equilibrada para mejorar nuestra salud y este tipo de alimentos tienen un efecto positivo en cuanto a la prevención de posibles afecciones.
Para entender esto, comentaremos que en nuestro tracto digestivo se encuentran muchos tipos de bacterias. Algunos son beneficiosos, pero otros son patógenos, es decir, perjudiciales, y debido a esto, a menudo se producen enfermedades en diferentes partes del organismo. Y ¿qúe es lo que ocurre? Lo que ocurre es que en el intestino hay un grupo específico de bacterias que utiliza como alimento, estas sustancias no digeribles. De esta manera, puede aumentar el porcentaje de aquellos que son beneficiosos para el organismo. Reduciendo la flora intestinal más agresiva.
En cuanto a los probióticos, son un producto bacteriano vivo, que se suelen tomar en forma de complemento y tienen un efecto positivo sobre las bacterias de la flora intestinal. Llegan vivos al intestino grueso, llevando a cabo allí funciones beneficiosas.
Entre estos encontramos Lactobacilos y Bifidobacterias, que se pueden encontrar en alimentos como la leche fermentada, el yogur y el queso.

Si la digestión es incompleta y la población de microorganismos no se encuentra en condiciones óptimas, existe el riesgo de que sustancias nocivas entren en nuestro organismo provocando diversos efectos: inflamación, gases, diarrea, incluso intolerancias. Aquí es donde tienen su importancia los prebióticos y los probióticos que se encargan de la salud de los intestinos. Muchos estudios han demostrado que los prebióticos ayudan en la absorción del calcio, el magnesio y el hierro, lo que contribuye a mejorar la compacidad ósea y prevenir la osteoporosis.

Por otro lado, ayudan a mejorar el perfil lipídico y a disminuir los niveles altos de triglicéridos; esto ayuda a mejorar la metabolización en el hígado. Ayudan a controlar mejor la glucemia y también se han demostrado efectos similares relacionados con el colesterol. Parece ser que también ayuda a mejorar el estreñimiento crónico y pueden ser útiles en la prevención del cáncer de colon.

¿Son este tipo de complementos imprescindibles? En la mayoría de los casos, una dieta equilibrada basada en una alimentación variada suele ser suficiente para cubrir y obtener todos estos efectos beneficiosos que hemos ido analizando. Pero puede ocurrir que en algunas situaciones la dieta en sí misma no sea suficiente para mejorar algunos problemas; por ejemplo, para recuperar la flora bacteriana, después de algún problema estomacal (intoxicaciones alimentarias, tratamientos antibióticos etc) y en estos casos pueden resultar muy útiles. También, en los casos en los que estos prebióticos no están incluidos en la dieta, tanto por una posible intolerancia o simplemente porque no nos gusten; o como por ejemplo, muchas veces solemos decir “no es que no me guste, es por pereza”.